El manifiesto incoherente, según María Bernal

Manifiesto incoherente

Si la escena que está dejando la pandemia de una España dividida en dos ya es una imagen troglodítica, el usar a una niña para que haga lectura de una carta llena de rabia, de repulsa y cargada de una importante dosis detractora en contra del gobierno central ofrece al resto del mundo un panorama emético, provocado además por este estado de alarma que no parece tener fin.

La percepción del mundo sobre la actitud de nuestro país en todos sus frentes se asemeja al guion de una película Gore. ¡Qué no suene a una realidad hiperbólica! Es pura objetividad: una sociedad de cínicos, se mire por donde se mire. Menos mal que todavía la sangre no ha llegado al río.

Penoso es que después de habernos pedido permiso a los docentes hasta para parpadear delante de los hijos con el dichoso e incomprensible(y ya en su día escribí sobre las razones que me hacen tener tal opinión) pin parental, ahora vengan unos padrazos y coloquen a su hija para que lea un texto incoherente para ella, alarmante para los profesores y esperanzador para los que creen con total seguridad que, con los otros en el gobierno, la propagación del virus se hubiera cortado de raíz durante la primera semana del estado de alarma.

Imaginen. Una mañana soleada en una plaza muy concurrida de Murcia, una niña muy mona, porque sus padres han dado el consentimiento de que se vea en la prensa ya que ni siquiera han solicitado pixelarle la cara a la criatura,  con sus mejores galas y bien peinada, con el fin de que sus padres se sientan orgullosos del acto tan patriótico que va a realizar su hija.

Enfrente, un público formado por una veintena de espectadores aproximadamente, con la boca abierta de par en par, porque no dan crédito a lo que están viendo y escuchando. “Los niños tienen que estar al margen de estas sandeces políticas”, me decía hace unos días un amigo psicólogo.

Poca emoción es lo que se respira en ese ambiente tétrico y no apto para menores. Pero la inocencia de los pequeños, al final acaba conquistando los corazones de las personas. Habría aplausos; pero quizá no por ese mensaje puesto en boca de una niña, sino por la dulzura que expresaba con su angelical voz, eclipsada durante algunos minutos por esas palabras de censura, de inconformismo y de insolidaridad.

En mi opinión, y pese a la tan dichosa libertad de expresión de la que gozamos los países democráticos, es muy mezquino hacer uso de ella usando a personas tan vulnerables, como son los niños.

Desde el punto de vista docente, cabe reflexionar sobre la siguiente cuestión. Nos impusieron el pin parental hasta para pedir autorización si los niños iban al teatro a ver, por ejemplo, la función de Caperucita Roja. Porque ¡claro! como va de rojo, quizá pueda tratarse de una actividad comunista para adoctrinar a esos niños que están más pendientes de que el lobo no se coma a la protagonista, que de si el gobierno central aprueba una paga o no.

Sin embargo, en este cuentacuentos de inquina, el lobo no es una animal que quiere comerse a una niña. Es un personaje que pretende engullir la atención de unos padres con el fin de hacer campaña política. Necesita votos como si de oxígeno para respirar se tratara; y si para ello tiene que utilizar una campaña protagonizada por niños, se pasa por el arco del triunfo la protección del menor, al que expone injustamente a una situación poco católica para la edad de once años.

Y ya lo que termina de consumar la poca comprensión que intento poner en el asador de la cordura para entender por qué suceden estos episodios, aparece un padre emocionado, observando a su hija como si hubiera conseguido averiguar la vacuna que necesitamos. Y no tengo intención de juzgar a la pobre niña, ni mucho menos. Está claro que ha sido aleccionada por una opinión que todavía no le pertenece.

¡Qué paradójico resulta todo! O sea, que ahora ha habido un consentimiento por parte de esos padres que hace escasos meses decían enfurecidos que a sus hijos solo los educaban ellos.

Pues sigan por esa senda impúdica, en cuanto a transmisión de valores se refiere. Que mientras ustedes están siendo adoctrinados hasta el punto de servir a sus hijos en bandeja a todo líder político que os lo pida, en la escuela y en los institutos optamos por elegir las mejores actividades para que sus hijos sean personas deseables y no manipulables.

 

 

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2 thoughts on “El manifiesto incoherente, según María Bernal

  1. Jose Luis Salmeron

    Un poco sectaria usted ¿no?

  2. Jose Luis Salmeron

    El PIN parental no está hecho para ver de que color Caperucita lleva el traje, sino, para evitar que alguien le cuente el cuento a nuestros hijos en la versión que los profesores sectarios como usted le venga en gana.
    Para eso sirve el PIN parental.

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