El «fluir» de Pepe Belló

Fluyendo por la pista

Das un derechazo a la bola y otra vez se marcha lejos. Otra vez se queda en la red. Es lo que pasa siempre que te entra ese miedo a pasarte, ese miedo a quedarte corto. No paras de pensar en que vas a errar, y nunca golpeas en el momento necesario. No te das permiso a mirar la bola, dejarla botar y descender hasta el ángulo perfecto. La ansiedad de obtener ya el punto, de no asegurar. De mandar un mensaje y que te respondan ya.

El ajetreo diario al que nos someten las redes sociales se ha colado en todos los puntos de nuestra vida de la peor manera posible. Nuestras relaciones interpersonales han colapsado. Ya no podemos entender una mesura, una charla tranquila, una quedada al tiempo. Lo queremos ya, lo obtenemos ya. Como si lo que demandas de alguien sea un paquete de Amazon. El Tinder lo ha banalizado hasta un extremo insoportable. Un escaparate en el que te vendes al mejor postor, te subes la autoestima y solo aceptas consumir carne. Un catálogo. Dar un derechazo y esperar que sea un match point.

Luego llega la profundidad. El abismo de observar que una relación interpersonal no es eso. Requiere de cariño, cuidados, compresión, conversación, y bueno, ya sabéis, mil historias más. Solidez. Preferimos vivir en la incertidumbre, en la ansiedad social y en la inestabilidad emocional. Una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Amar líquido es el tener una independencia personal tal que pueda llevar a plantearse el amor como una amenaza a esta.

Tampoco es que sea ahora católico, ni que crea en el hasta que la muerte nos separe. Pero no puedo evitar sentir que incomodo cuando entro dentro de una vida. Deben hacer espacio a nuevos sentimientos, a nuevas sensaciones, a tiempos. Una vida ya formada, con sus pilares, sus ruinas y su poca necesidad de expandir fronteras. Cambio de horarios, adaptaciones, poca abertura a una nueva frustración. Lo líquido no tiene porque ser malo, a fin de cuentas, todo fluye. Y cuando una pelota golpea en lo alto de la red, la suerte también juega su factor de un lado u otro, no se solidifica en el aire.

 

 

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