El cuaderno de Antonio Balsalobre

Empaquetado

París. Martes 14 de septiembre. Llueve a cántaros cuando llego caminando bajo el paraguas desde los Campos-Elíseos a la Place de l’Étoile, donde se alza de Arco de Triunfo que levantó Napoleón para celebrar sus victorias. Va a tener razón Woody Allen. París también tiene su encanto bajo la lluvia. Un encanto pasajero, en mi opinión, porque el cielo grisáceo y pesado no creo que esté hecho para un murciano como yo, pero encanto al fin y al cabo. Me he acercado para ver el Arco “empaquetado” por Christo, o para ser más exactos, por el sobrino del artista búlgaro. Aunque guarda su volumen, envuelto en tela color plata de tonos azulados y atado con cuerda roja, como para un regalo, parece en realidad que el célebre monumento se hubiera esfumado y solo quedara su envoltorio. A mi alrededor oigo comentarios para todos los gustos. Tiene sus admiradores y sus detractores. Para algunos es “locura, genio, poesía”. Para otros, algo más prosaico. A veces, el arte es capaz de crear tanta discordia y controversia como la política.

Una mujer francesa de Cádiz

París. 15 de septiembre. Son las diez de la mañana  y me precipito a comprar el libro de Anne Hidalgo Une femme française que ha salido hoy. A la alcaldesa socialista parisina con altas aspiraciones (el domingo anunció su candidatura a la Presidencia de la República) hace tiempo que la tengo en mi particular olimpo. Elijo para adquirir el ejemplar la librería L’écume des pages, de nombre sonoro y evocador, un establecimiento situado junto al mítico Café de Flore y la iglesia de Saint-Germain-des-Prés. Con Hidalgo comparto varias cosas: ciertos valores ideológicos, sin duda, pero sobre todo la edad y haber sido ambos hijos de la emigración. De ahí mi admiración por ella. Su talento, su lucha, sus logros dignifican el esfuerzo y el trabajo de la generación de nuestros padres. Esta hija de obrero y de costurera gaditanos quiere basar su campaña presidencial en torno a tres ejes: la justicia social, la ecología y los valores republicanos. No suena nada mal.

La nueve

París. Jueves 16 de septiembre. 9.30 de la mañana. En los aledaños del imponente edificio del Hotel de Ville (Ayuntamiento), que preside la socialista de origen español Anne Hidalgo, se extiende un frondoso jardín bautizado no hace mucho con el nombre de La Nueve. Me detengo ante la verja de hierro del lateral, junto al Sena, por la que se accede, todavía cerrada a estas horas de la mañana, y me emociono leyendo en sendas placas, una blanca, en español, y otra azul en francés: “Jardín de los combatientes de La Nueve. A los españoles republicanos antifascistas que continuaron su lucha en el exilio en la Segunda División Blindada del Ejército de la Francia Libre. Héroes de la Liberación de París. Agosto de 1944”. Esto, aquí, en un país que conoció los horrores del nazismo, se llama Memoria Democrática, o Histórica, como prefieran.

Leyes

La imagen de un ancho río de lava arrasando y amenazando casas en su implacable camino hacia el océano es desoladora. La de la desesperación de muchos habitantes de La Palma que han perdido o van a perder su vivienda, angustiosa, aflictiva. La naturaleza vuelve a mostrar aquí su lado más demoledor, su fuerza más bruta. Ante estas erupciones devastadoras solo nos queda actuar con la mayor diligencia para paliar sus efectos, y ayudar a quienes los sufren. Otra cosa son las catástrofes provocadas por los humanos: los incendios forestales “legales” arrasando extensas áreas de la Amazonia, la contaminación del aire que respiramos, el envenenamiento de mares mayores y menores… En ambos casos, es verdad, los daños sufridos son inmensos. Con una diferencia. Los primeros obedecen a las leyes físicas y geológicas de la naturaleza. A las que nos debemos. Los segundos son consecuencia de las leyes de la codicia humana, sobre las que podemos actuar.

 

 

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