El circo, según Andrés Martínez

El circo

Hay un circo situado en Madrid, más concretamente en la carrera de San Jerónimo, llamado Congreso de los Diputados. No hay palabra que mejor defina en lo que se ha convertido la sede de la soberanía nacional. Tenemos desde payasos hasta leones, pero tristemente abunda mucho más lo primero.

En este lugar sagrado para la democracia debería reinar la capacidad de escuchar y llegar a acuerdos entre los que piensan distinto, apartar sus diferencias y caminar juntos hacia una España mejor. Los españoles no han puesto 350 personas y más de 20 partidos políticos, cada uno con diferentes formas de pensar, para que violen esta cámara y la conviertan en un “y tú más” constante.

Tenemos políticos atacando a instituciones del Estado, que representan la unidad y la concordia, llegando a vetar la presencia del Rey en la entrega de despachos de aquellos que imparten justicia en su nombre; otros intentando dinamitar la independencia de ésta políticos sufragados por todos los españoles intentando romper la unidad de España; otros muchos, también, que no se quitan de la cabeza el franquismo, esos mismos que se ponen camisetas del Che Guevara y enaltecen dictaduras sudamericanas.

¿No se dan cuenta que estamos cansados? ¿Que este juego tiene fecha de caducidad? Esto último tanto para unos como para otros, independientemente de su color político. En estos momentos que vivimos, circunstancias difíciles para todos, más que nunca necesitamos unidad, ya habrá tiempo para sacar antiguas rencillas que no interesan a gran parte de los españoles.

La sociedad avanza y deberían preocuparse de lo que realmente le importa a los ciudadanos, que es que el autónomo pueda pagar y, sobre todo, vivir; que los jóvenes tengan oportunidades; que los trabajadores tengan salarios y vidas dignas; y atraer la inversión nacional y extranjera. En definitiva, lo que realmente importa. Y a todo esto, nosotros sin agua.

Creo que hablo en nombre de una mayoría de ciudadanos cuando le digo yo ahora a usted, “Cierre al salir, señoría”.

 

 

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