Editorial

LA EVOLUCIÓN DEL CORONAVIRUS Y EL REPARTO DE MASCARILLAS EN CIEZA

La pandemia mundial del Covid-19 deja en España, por el momento, la escalofriante cifra de casi 20.000 fallecidos, y principalmente se ha cebado en nuestras personas mayores. El dato positivo son los más de 77.000 curados. Además, las autoridades sanitarias y las últimas cifras auguran una estabilización de la curva, aunque su descenso y control será lento. El foco principal se ha trasladado a EEUU y apenas ningún país del mundo se escapa ya de sus efectos.

Todavía queda batalla por delante. Es prácticamente seguro que el estado de alerta se prolongará más allá del 26 de abril y se está estudiando una salida del confinamiento escalonada. Es obvio que de un día para otro no podremos llevar a cabo nuestra vida normal como antes de la aparición del coronavirus. Deberemos acostumbrarnos a esta nueva realidad.

Todavía es pronto para sacar conclusiones decisivas y contundentes sobre todo lo que envuelve a esta pandemia que ha paralizado al mundo. Algo nuevo que no habíamos vivido. A otras generaciones sí les había tocado padecer pandemias, pero a nosotros no. La economía se ha estancado y entra en recesión porque ha afectado al primer mundo. Otras pandemias habían afectado a los países subdesarrollados, pero como era algo “lejano” para los países occidentales no había afectado a la maquinaria productiva capitalista.

Aun así, a pesar de la premura de sacar conclusiones, se vislumbran dos opciones que este gobierno, y los sucesivos, deberían tener muy en cuenta y realizar. La primera consiste en la correcta dotación económica de la sanidad pública. Habrá que olvidarse de recortes en esta área (al igual que debería de hacerse con la educación y las pensiones). Son los profesionales sanitarios del sector público, con escasos recursos, mucha voluntad y una fe inquebrantable, quienes nos están “salvando la vida”, literalmente. La segunda, consistiría en conseguir que España sea un país autosuficiente en la producción de todo tipo material sanitario, precisamente de ese escasea en esta crisis. Se debería fomentar una industrial estatal o privada (subvencionada pero con estrictas condiciones de mantenimiento y durabilidad en el tiempo) que nos proporcione y garantice el stock necesario de este material. Así no dependeríamos del “bazar persa” en el que se ha convertido la venta de productos sanitarios durante esta crisis, donde los especuladores han “inflado” los precios y existe desabastecimiento en el mercado debido a la gran demanda de todos los países. Porque no sabemos cuándo se puede producir otra crisis sanitaria de estas características.

Por último, nos gustaría destacar la loable acción del reparto de mascarillas que ha realizado el Ayuntamiento de Cieza, con la fundamental colaboración de las asociaciones de vecinos (como la de Santa Clara-La Ermita) y voluntarios. Se están repartiendo en todas las casas del municipio para la seguridad de todos los ciezanos y ciezanas. Aunque el detalle, horrible, se ha producido en algunas zonas cuando las mascarillas han sido robadas de los buzones. La crisis sanitaria está sacando lo mejor de la sociedad ciezana, pero en algunos indeseables sale a la luz lo peor de la esencia humana. Aunque son excepciones y el conjunto de la ciudadanía de Cieza está dando una lección de solidaridad y de buen comportamiento. Porque esta batalla hay que ganarla entre todos.

 

 

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