Editorial

LOS DELITOS Y EL COVID-19 EN CIEZA

Se han producido en Cieza, en un lapso de tiempo muy corto, dos supuestos delitos de violencia de género y otro de odio hacia una persona debido a su condición sexual. Es lamentable asistir todavía a este tipo de actos deleznables en pleno siglo XXI y con toda la pedagogía que se lleva a cabo, precisamente, para concienciar a la ciudadanía y que no suceda. Nadie debe ser violentado o discriminado por su género o por su condición sexual. Esta obviedad no es un mantra que queramos reproducir sino que viene reflejada en nuestra Carta Magna.

Por ello resulta triste y paradójico que desde ciertos sectores políticos se niegue la violencia de género o se intente invisibilizar la homosexualidad. O peor incluso, que se considere una enfermedad curable. Estos sectores, normalmente, enarbolan la bandera de la constitucionalidad (para los fines que persiguen) pero obvian aspectos tan fundamentales de la Constitución Española como los mencionados anteriormente.

En este sentido, en los casos referidos de la localidad, siempre se ha de respetar la presunción de inocencia, un aspecto básico en el ordenamiento jurídico de cualquier democracia que se precie. Pero si los hechos se prueban y efectivamente sucedieron, a quienes hayan cometido estos delitos debería caerles todo el peso de la justicia. Porque es necesario que se ejerza todo el peso de la ley y la intransigencia y reprobación de la sociedad para que, de una vez por todas, estos aberrantes delitos lleguen a su término.

En el ámbito sanitario, la pandemia del covid-19 vuelve a tornarse muy peligrosa en esta quinta ola que estamos padeciendo. Los casos se desbocan en toda España, a pesar de que la vacunación está evitando que se vuelva a las trágicas cifras de fallecidos de meses anteriores; la Región de Murcia acaba de alcanzar la cifra más alta de contagios de esta quinta ola; y en Cieza superamos la cincuentena de casos activos.

La relajación de las medidas restrictivas ha sido tomada por parte de la ciudadanía como una “carta blanca” para hacer lo que quiera sin respetar las mínimas normas exigibles en una situación pandémica. En este aspecto, parte de la sociedad “está dejando mucho que desear”. Tenemos que ser conscientes, de una vez ya, que cada nueva ola nos acerca otra vez al abismo y refleja un fracaso de comportamiento social. Debemos tener la actitud y poner los medios necesarios para que las consecuencias no vuelvan a ser otra vez trágicas.

 

 

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