Docentes vacunados, según María Bernal

Docentes vacunados

¡Qué daño está haciendo el protocolo de vacunación docente! En general, ¡qué puñeteras se vuelven algunas personas cuando las adversidades nos acechan! Si ya estaba infravalorada la figura del profesor, ahora con el protocolo, que, por supuesto, nosotros no hemos elegido, directamente pasa a ser cuestionada y menospreciada una vez más por esas personas que, desde la ignorancia, como siempre, opinan sobre lo que ocurre en todos los ámbitos, incluso se atreven a polemizar sobre los criterios que Sanidad ha estipulado para la vacunación docente; unos criterios que ni nosotros mismos conocemos. Es decir, nos han dicho que hay que vacunarse, y ahí que hemos estado. Y, ¡ojo!, en Murcia en plena semana de exámenes y de evaluaciones. Y, ¡ojo!, después de haber sido paralizada la vacuna que nos correspondía por precaución mientras especifican su relación con los casos de trombosis venosa cerebral.

Cuando lees comentarios del tipo “lo que les faltaba a los docentes, los efectos de la vacuna para no ir a trabajar…” o “que no debemos ser vacunados todavía porque no somos de riesgo…” entre otras tantas simplezas, una se da cuenta de que ni pandemia, ni huevos en vinagre. Que la animadversión, la insolidaridad y la falta de respeto hacia las personas son los pilares que están empezando a sustentar esta sociedad. Y esto influye en las generaciones venideras, las cuales, víctimas del sistema, absorben como esponjas todo lo que leen y escuchan, aunque luego no sean capaces de hacer ni la o con un canuto.

Está claro que una vez más la ignorancia calla al sentido común, y no es que esta preponderancia sea precisamente un síntoma de la AstraZeneca. Se trata del pan nuestro de cada día. Y eso, verdaderamente, llega a frustrar a aquellas personas que tanto se preocupan por la educación de sus alumnos, a pesar de que queden tocados y hundidos cuando menos lo merecen.

Y es que nosotros no hemos elegido ni la vacuna, ni el momento de ponérnosla, ni sus efectos. Sin embargo, sí elegimos preocuparnos por el hecho de que, hipotéticamente, se pueda dar la casualidad de que en un centro esa vacuna le pueda causar efectos más que secundarios a más de un docente. Y claro, con temblores, escalofríos, fiebre, dolor intenso, mareos, náuseas y diarreas, no es que uno tenga el cuerpo para coger la tiza y seguir trabajando con los chavales. No, creo que no son condiciones por lo que nos agobia tener que faltar en plena semana decisiva para el segundo trimestre.

Me hacen gracia los detractores de la figura del docente. ¡Demasiado tiempo libre! Me hacen gracia esos padres que no comparten (y en su derecho están) que nos hayamos vacunado sin ser personal de riesgo. Sin embargo, toleran que en Murcia, por ejemplo, el amigo Villegas en su día, y saltándose el protocolo, se apropiara, presuntamente, de unas cuatrocientas dosis para los colegas de San Esteban. Pero no pasa nada, hubo padres que decían que los de la carrera política merecían la vacuna en primer lugar. Y así nos va en Murcia, consintiendo a los que se aprovechan del cargo y enjuiciando a los que luchan por la educación de sus hijos.

Aquí no se trata de una cuestión de preferencia. Esto no es una competición, aunque todos queramos llegar a la meta, y ya no solo por volver a recuperar la libertad que este virus nos arrebató, sino por evitar tantas muertes. Pero lamentablemente, aquí nadie elige el momento; salvo que seas miembro de la Casa Real y el poder te permita desobedecer a las autoridades sanitarias y hacer lo que  se te antoje. Pero claro, esto tampoco es motivo de crítica, porque los aprovechados como siempre son los docentes; los que sin haber perdido todavía el sentido común, tampoco están de acuerdo con que se vacunen por el simple hecho de estar seis horas seguidas con más de veinte personas en un espacio reducido y con poca ventilación.

Yo tampoco estoy de acuerdo con este protocolo que está haciendo esperar, por ejemplo, a nuestros mayores, tan olvidados, tan vulnerables, tan pacientes y tan respetables; pero ante las decisiones médicas, todos somos unos iletrados y antes de exponer una crítica sin fundamento, mejor valorar el esfuerzo no solo de los docentes vacunados, sino de todas las personas que ayudan con su esfuerzo a que día tras día mejore esta sociedad, tan necesitada de valores y de razones contundentes.

 

 

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