Diego J. García Molina disecciona los resultados de las elecciones generales

Habemus eventus

Ya tenemos desenlace de la larga campaña electoral que puso en marcha el partido socialista a continuación de hacerse con el poder, tras la moción de censura al condenado por corrupción Partido Popular que lideraba el inane Mariano Rajoy. Tenían más que claro que era imposible gobernar con solo 85 diputados, y más con la compañía que le animó a presentar la citada propuesta parlamentaria, por lo que enfocaron la presumible corta legislatura, desde la misma elección de los ministros, como un periodo de promoción partidista, la cual, reconozcámoslo, ha resultado efectiva a la perfección.

Desde el poder y el gobierno siempre es más sencillo todo, sobre todo pudiendo escoger el momento de convocatoria electoral y con las poderosas herramientas que la maquinaria estatal pone a disposición del gobernante, por encima de todas el CIS, ese oráculo creador de corrientes de opinión entre los votantes que tan bien ha funcionado. No obstante, a pesar de la espectacular subida de 2 millones de votos y casi 40 escaños, el PSOE sigue necesitando la intervención de los secesionistas para poder alcanzar la mayoría absoluta. Se podría pensar que para este viaje no era necesario alforjas, pero existen varios detalles que cambian, a mejor, de forma considerable, el panorama.

Para empezar, la bajada de la extrema izquierda representada por Podemos, lo que deja a esta formación con menos opciones de condicionar la agenda política de los socialistas. A pesar de, supuestamente, haber salvado los muebles dada la abrupta bajada que le vaticinaban, los resultados han sido devastadores y de tener en sus manos conseguir el liderazgo de la izquierda puede quedar relegado al papel secundario que históricamente tuvo Izquierda Unida. Todo ello por errores propios, nadie puede negarlo, de los que difícilmente se podrán recuperar.

También, por supuesto, el ser el partido más votado y con más escaños, casi el doble que su inmediato perseguidor, es un factor que no puede hacer dudar a nadie de la absoluta legitimidad que tiene Pedro Sánchez para ser investido presidente; la situación anterior, aunque la aritmética parlamentaria lo permitía, era bastante atípica y prácticamente impedía cualquier actividad gubernamental, como así finalmente fue.

Y finalmente, que la suma de PSOE y Ciudadanos alcanza la mayoría absoluta, situación que no se daba la legislatura anterior con la combinación de 2 partidos, exceptuando, claro, la imposible gran coalición PP-PSOE. Esta colaboración no es nueva para ambos, tras haberse desarrollado, por ejemplo, en la autonomía andaluza durante 4 años sin ningún sobresalto para ninguno de ellos.

En mi opinión, es una buena noticia, una gran noticia, que puede dar la necesaria estabilidad a nuestro país, tras demasiados años de zozobra ante los desafíos secesionistas, la recesión y crisis sufrida, y la más que previsible crisis económica mundial que se otea en el horizonte. Si finalmente se ponen de acuerdo, constituirían un frente que abarca todo el centro político hasta donde cada partido consigue ensanchar su base hacia la derecha y la izquierda respectivamente.

De todas formas, no podemos obviar los datos fríos que arroja el recuento de votos; por ejemplo, el reparto de escaños por bloques derecha-izquierda ha quedado establecido de forma muy parecida a la de 2016, menos de 20 escaños de diferencia entre ambos. Con respecto a los votos, solo 43.000 de diferencia entre la suma de PP+CS+Vox y PSOE+Podemos, a pesar de tener más de 11 millones de votantes por bando. Y eso teniendo en cuenta que la agrupación de derecha ha obtenido más votos que en las elecciones anteriores, casi 100.000, sin embargo, el miedo a la extrema derecha enarbolado como lema de campaña ha tenido éxito para movilizar a su electorado.

Otra buena noticia es la impresionante bajada del Partido Popular; su acción política en el gobierno y el trato a su electorado le ha hecho merecedor de este resultado, además de los bochornosos casos de corrupción por los que ha sido condenado. La disolución no es una opción descabellada puesto que es complicado que convivan 3 partidos en el espectro ideológico de la derecha. Lo normal es que al final coexistan una formación conservadora junto a una de centro derecha, y parece que quienes más posibilidades tienen en este momento son Ciudadanos y Vox.

Lo normal es que hasta que se conozcan los resultados de la siguiente convocatoria a las urnas a finales de este mes no se produzca ningún acuerdo y se limiten a continuar actuando en clave electoral. En cualquier caso, es importante evitar los extremismos, tanto de derecha como de izquierda, así como eludir el previsible chantaje que los grupos secesionistas antiespañoles esgrimirían para obtener su apoyo en la investidura. Ciudadanos podrá moderar las actuaciones del PSOE y este tampoco tendrá necesidad de radicalizarse pues el objetivo era simplemente gobernar y ha sido alcanzado. Por fin hay motivos para ser optimistas.

 

 

 

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One thought on “Diego J. García Molina disecciona los resultados de las elecciones generales

  1. upyd

    otro que no se entera de nada
    por eso fracasó upyd

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