Dependientes, según Diego J. García Molina

Dependientes

No albergo duda alguna de que todos nos damos cuenta, cada vez más, de que somos totalmente dependientes de las nuevas tecnologías o las TIC. A nadie sorprende ya ver a su abuela en alguna red social compartiendo contenidos multimedia, a su abuelo escuchando un podcast (programa de audio grabado almacenado en una web) en su Smartphone o visualizando una transmisión en streaming, ya sea un vídeo de música, un partido de fútbol o una película. Las nuevas tecnologías se introdujeron en nuestras vidas hace años para quedarse, no hay vuelta atrás. No obstante, ese es, quizás, uno de sus mayores problemas o peligros.

No somos conscientes que si alguien olvida o extravía su contraseña de Google, la que lleva en su teléfono, perderá absolutamente todos los contactos que ha ido recopilando durante años junto a los archivos que haya subido a la nube de drive. No conozco a nadie que tenga anotados esos datos en una libreta o en una base de datos como una tabla excel mismo. ¿Y si mañana decide Google por cobrar por sus servicios? ¿Renunciaríamos al correo, al almacenamiento de drive, al calendario, etc., etc., etc.? Por no hablar de lo vulnerables que quedan algunas personas cuando olvidan el Smartphone, lo pierden o se avería, que duras se les hacen a algunos esas horas hasta que recuperan el control de sus vidas (noten, por favor, la ironía).

Saliendo de lo personal, hacia lo global, en estos momentos, absolutamente todo está controlado por algún tipo de sistema informático y dirigido a distancia a través de algún sistema de comunicaciones. Sin embargo, cuanto mayor es la informatización y digitalización de servicios, mayor es la dependencia que asumimos de su buen funcionamiento. Y no solo debemos tener en cuenta los fallos de la programación, la caída de las comunicaciones o las averías hardware, este mundo es un lugar hostil, incluso para las entidades virtuales, y, países, organizaciones y personas conspiran continuamente con el fin de obtener algún beneficio económico, o simplemente por boicotear a un país rival.

Es habitual para las empresas que trabajan con servidores en la nube, en Internet, que este sea jaqueado encriptando o cifrando los archivos de dicho servidor inutilizándolo, pidiendo un rescate por la clave para desencriptar los datos y de esta forma poder continuar su actividad sin pérdidas. Muy comentado en prensa fue el caso de la empresa Garmin, multinacional a la que unos delincuentes informáticos le secuestraron sus servidores, impidiendo el acceso de los usuarios a sus datos con una brecha de seguridad que afectaba incluso a la protección de datos de sus clientes. Todo apunta a que finalmente la empresa norteamericana, para obtener la clave, realizó un pago de 10 millones de dólares una organización criminal rusa, Evil Corp; no es una broma, su líder, un ruso de 33 años es actualmente uno de los objetivos principales del FBI, quien ofrece más de 5 millones de dólares por su captura, la recompensa más alta jamás ofrecida por un cibercriminal.  Se cree que este jaqueo es sólo uno más en una larga lista de ataques a grandes empresas, objetivo principal de este grupo.

Volviendo a la actualidad, la semana pasada, en concreto el jueves, se descubrió una brecha de seguridad que afectó a la consejería de educación de la región de Murcia, quedando al descubierto contraseñas de acceso de la comunidad docente a diversas plataformas y herramientas que utilizan en su trabajo diario, entre ellas, el correo-e, almacenamiento en la nube, Aula Virtual, donde se almacenan apuntes y tareas que consumen los alumnos, y la zona de usuario donde, entre otros datos, aparece el número de cuenta donde abonar la nómina mensual con la opción de modificarlo, imaginen el susto. Por las noticias publicadas, el código malicioso se había instalado en el servidor en noviembre, aunque en este tipo de sucesos, solo conoceremos la información que los responsables filtren a la prensa y quieran que sepamos, intentando comprometer lo menos posible su actuación. Es decir, ponemos en cuarentena, al menos yo, toda información recibida, sobre todo cuando algún dato se contradice con los hechos sucedidos.

Esto me recuerda al mínimo estado de confianza en que han quedado los medios de comunicación privados tras demostrarse una y otra vez la parcialidad de sus noticias, ocultación de las que no le interesan, y la manipulación de sus textos e imágenes. Cada persona hoy día solo lee, escucha y visiona los medios que sabe que le van a mostrar las noticias como a él más le agrada, y le ocultará las noticias desagradables según su ideología. De las televisiones autonómicas mejor ni hablar pues están prostituidos al poder local sin ningún pudor, con la televisión pública vasca y catalana como máximos exponentes, o anteriormente Canal 9 del PP, hasta la ruina económica que llevó a su cierre, o Canal Sur del PSOE.

Lo peor de todo es que el último refugio que nos quedaba, el medio público por excelencia, RTVE, se ha ido degradando durante años hasta llegar a la situación actual, con las audiencias en mínimos históricos, y un enfoque en algunas noticias más que cuestionable, incluyendo alguna sin contrastar, por no decir falsa. Una pena porque si el ente se dejara su administración en manos de profesionales sin adscripción política, caso extremadamente complicado en España, podría ser el lugar donde comprobar las informaciones de cualquier otro medio. Si solamente lanzara noticias contrastadas y con un interés público real, siendo de nuevo un referente cuando en un medio saliera una noticia de la que dudáramos, no tendríamos más que acudir a RTVE a comprobar que se dice ahí, porque tendríamos confianza en que la información estará comprobada y confirmada, será veraz, fuera de todo interés espurio. Mas no cuenten con ello, es una herramienta demasiado poderosa para dejarla en manos de un consejo imparcial; como decía Pablo Iglesias cuando todavía alguien le creía: a mí dadme un casoplón… perdón, quiero decir, una televisión.

 

 

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