Carmen Conde, belleza y pasión en la palabra, por Rosa Campos

Rosa Campos Gómez

“Van a cantar las aves. Lo siento en mis costados. / Porque me tiemblan alas que nunca vi crecer / Y súbitos los árboles sacuden sus mensajes / para qué yo los coja y lleve por el viento / van a brotar más fuertes. Escucho que la tierra / desliza por mis plantas sus tibias humedades; / y un arroyo no nace si una mujer no quiere / que le ciña las piernas con su lienzo delgado. /  Sé que vienen jardines. Sé que brincan corceles. / Aprender todo eso me ha costado la vida…” El poema “Gracia”, creo que es el mejor principio para este artículo sobre su autora. Ese presagio de necesaria belleza que se derrama en sus versos puede ser un buen impulso para este inicio de año.

Carmen Conde, escritora de poesía, novela, ensayo y teatro; maestra, activista y primera mujer académica de número –letra K– de la RAE, nombramiento que representa un hito en nuestra historia, porque en 1978 –ya era hora– ese espacio empezó a dar valor en igualdad a la literatura escrita por mujeres. No olvidarla, leyendo sus textos y conociendo su trayectoria, es imprescindible para nuestra riqueza cultural y, por lo tanto, humana. De su extensa actividad resumimos algunos datos: nació en Cartagena –15 de agosto de 1907–, en una familia con posibilidades económicas, al menos en sus primeros años. La cocina era su “paraíso” porque allí, Angélica, la cocinera, le contaba historias que la fascinaban; también las que le contaba Juan, empleado del taller de orfebrería de su padre. Toda esta literatura oral predispuso su imaginación literaria.

En 1915 viaja con su madre a Melilla para reunirse con su padre, que había encontrado allí trabajo. Admirará la belleza de la gente que conoce y del paisaje. El cementerio, lugar que concibe hermoso, será su refugio para leer. Desde allí ve el mar Mediterráneo, que ya llevaba dentro desde el contacto de sus primeros años en su  tierra natal, y que la sigue nutriendo con su luz.

La familia vuelve a Cartagena en 1920. En los siete años siguientes Carmen empieza a escribir. Trabaja como calquista en La Naval. Publica en prensa local. Inicia en Murcia los estudios de Magisterio –terminados en 1930–. Conoce a Antonio Oliver Belmás –se casarán en 1931–. Envía sus poemas a Juan Ramón Jiménez, que le responde admirado.  Publica `Brocal´, donde ya se manifiesta rotunda, sensual: “¿Tú quieres caminar? Pues yo te sigo.”(…) “¿Qué primavera, qué incendio, qué río me ceñirán mejor que tú?” Su marido y ella fundan, en 1932, la Universidad Popular de Cartagena, enlazada en el ámbito de las Misiones Pedagógicas proyectadas en la II República para democratizar la cultura.

En 1934 publica `Júbilos´, a pesar del título y el contenido –fue escrito durante el embarazo de su hija– el dolor ya había arribado en su vida, porque la niña nació muerta. El estallido de la guerra impide que pueda seguir ejerciendo la docencia. Antonio se une al ejército republicano hablando desde la radio, Carmen lo acompaña, pero su madre enferma y tiene que volver a Cartagena. Después se matriculará en la Facultad de Letras de Valencia. Vivirá en la casa de Amanda Junquera –escritora y traductora– y Cayetano Alcázar –catedrático de Historia de España en la Universidad de Murcia, que fue destinado allí–, quien visitó la UP en 1932 y guardaban buena relación. Surge una relación especial entre Amanda y Carmen que durará cincuenta años, y de la que J.L. Ferris dice: “No se puede hablar de homosexualidad en los términos que entendemos habituales de pareja. Simplemente que en 1936 apreció un ser que le llenó la vida”.

Al terminar la guerra, Antonio se recluye en Murcia y Carmen en Madrid, con la familia Junquera donde estará un año en una habitación, leyendo. Después en San Lorenzo del Escorial, estancia que le será creativamente fecunda. Volverá a Madrid y compartirán la casa de Vicente Aleixandre. En 1944 la juzgan por decantarse por la República, sus amigos impedirán que la encarcelen. En 1945 Antonio y ella vuelven a vivir juntos, en Madrid. A Partir dela década de los 40 desarrollará una intensa actividad: escribe; publica utilizando varios seudónimos; es asesora editorial; trabaja para el CSIC y para la UCM –con la ayuda de Cayetano Alcázar–; traduce; da conferencias; recitales de poesía; publica, entre otros, `Ansia de la Gracia´, que le abrirá las puertas como poeta de más renombre; `Mujer sin Edén´, considerada su obra capital, y `Mientras los hombres mueren´, escrito en tiempo de guerra, y en el que expresa su dolor por esa tragedia sufrida en España. Colabora en RNE. Escribe para revistas, mantiene correspondencia con escritoras y escritores… En 1956 gestiona, junto a Oliver, el archivo de Rubén Darío, cedido por Francisca Ruiz al Ministerio de Educación. Viaja a diferentes países de Europa, América y China. Recibe importantes premios. En 1994 cede todo su legado y el de Oliver Belmás al Ayuntamiento de Cartagena, al que podemos acceder a través del Patronato que lleva sus nombres. Falleció un 8 de enero de 1996.

El lirismo, la sensualidad, el poder apasionado de una voz interior directa y hermosa, bien trabajada para sonar sin rechazo en un tiempo de censuras y limitaciones, para  asumir, sin amargura, las heridas que el exilio interior también produce, es lo que encontraremos en la poesía y prosa de Carmen Conde, con esa delicadeza y potencia de la eternidad, que ella anheló, capaz de vibrar en cualquier ahora.

 

 

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