¿Quién asesinó a Pascual Rodríguez? (Parte I)

Investigamos los sucesos que rodearon un incidente donde se vieron involucrados los hermanos Cánovas del Castillo, el marqués de Sardoal y la alcaldía de la ciudad de Cieza

Miriam Salinas Guirao

Le hablo al lector, me tomo la licencia, porque lo que van a descubrir ha ido envolviéndose en mí día a día durante semanas. Tras leer cientos de páginas de periódicos decimonónicos, consultar investigaciones locales, regionales y nacionales, e indagar en la historia de la prensa, sigo sin comprender qué sucedió.

Alberto Aguilera y Velasco.

Vayamos al origen: un anuncio de un suceso ocurrido en Cieza volaba por los telégrafos, se publicaba en la Región y en el todo el país. Hablaban de un tiroteo. Ya tenemos el qué. El dónde era más enrevesado: la casa del alcalde.

Antes del incidente

El alcalde era Francisco Fernández Arce, que no estaba relacionado con “la vieja oligarquía” (haciendo referencia al artículo de Francisco Javier Salmerón Giménez en ‘Historia de Cieza’ volumen IV), había tomado el mando tras la Gloriosa en 1868. En esas elecciones votaron los hombres ciezanos mayores de 25 años, “el censo estaba compuesto por un total de 2.400” (ibídem). En su investigación Salmerón Giménez señala que la Corporación era “liberal y monárquica”.

El Pensamiento español era de los primeros, junto a La Época  y a La Correspondencia de España, en dar alguna información sobre lo sucedido. Ocurría en las vísperas de san Bartolomé. El 23 de agosto salían de Cieza mensajes nerviosos desde las corresponsalías y colaboraciones a la capital.

Retrato de Cánovas hacia 1868.

La España decimonónica

Las divisiones y convulsiones políticas, sumado al acecho de las guerras carlistas y la inestabilidad militar, no dejaban un escenario tranquilo.  En agosto se volvían a celebrar elecciones tras no llegar a formarse Gobierno, qué curioso. El 24 de agosto, día grande de Cieza, día de san Bartolomé, se debía ir a votar. Bueno, debían hacerlo los hombres mayores de 25 años; por suerte la feria había sido aplazada (El Imparcial, 1 de agosto de 1872). “Por cierto que en estas Cortes de 1872 a que estamos aludiendo, se planteó el escandaloso asunto de la transferencia de dos millones de reales de la Caja de Ultramar al Ministerio de la Gobernación, ‘para gastos secretos’ de dicho departamento; para gastos electorales, puntualizó la malicia. No se comprobó la sospecha, pero ya era significativo que la especie pareciese, por lo menos, verosímil, en cuanto descubría el peso con que el factor económico gravitaba sobre las elecciones. El sufragio universal, sobre no sanearlas, las había encarecido. Ese procedimiento tenia, sin duda, ‘fastuosas exigencias’, como no tardaría en decir Navarro Rodrigo ante las elecciones de Ledesma, en 1876” (‘Las Cortes del siglo XIX y la práctica electoral’ de Melchor Fernández Almagro). Las idas y venidas de fondos y otros menesteres guarda férreas raíces en España.

Cieza no era ajena a la explosión de violencia, La Época (sábado 24 de agosto de 1872) narraba como los ‘movilizados’ en Ojós habían disparado al alcalde, encerrándolo en su casa. En Calasparra invadieron los montes del Estado “por un telegrama falso” declarándolos libres. En Cieza los guardas rurales fueron desarmados por el gobernador, lo que provocó “grandes robos de esparto”. “Se dice que estos Ayuntamientos han sido entregados a los tribunales; pero los tribunales no reconocerán su inocencia hasta pasadas las elecciones. (…) Todo esto es grave, de lo más grave que ha pasado en España en elecciones”, recordaba el periódico.

Enviaba su telegrama Capdevila el 23 de agosto, (aunque  no era Ramón María quien nació en 1874, autor de Historia de la Excelentísima Ciudad de Cieza del Reino de Murcia desde los más remotos tiempos hasta nuestros días). En el telegrama enviado a La Época relataba con respecto a ‘lo de Cieza’: “Me coge en la huerta, hablando con un hombre, a las ocho de la noche, y oigo una trompeta de voluntarios movilizados y varios tiros. A las ocho y media parece que todo ha calmado, ignorando si hay desgracias”. Las hubo.

Marqués de Sardoal.

Los nombres sonados

La Época, que era un diario conservador, “sobresaliente periódico para minorías que Cánovas leyó hasta su muerte -la frase puede ser tomada ad litteram ya que cuando fue asesinado sostenía entre sus manos un ejemplar del diario-, (‘Historia del Periodismo español’ de Fuentes y Fernández). El propietario del diario era Ignacio José Escobar y López Hermosa (1823-1887). “Su propietario y director conspirará, junto al propio Cánovas, en el golpe militar que el general Arsenio Martínez Campos da en Sagunto el 29 de diciembre de 1874, que abre la Restauración dinástica y, en 1879, el monarca agradecerá los méritos de Escobar distinguiéndole como marqués de Valdeiglesias (Información de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (BNE)).

Hacemos un alto. Cánovas del Castillo, hijo adoptivo de Murcia, figura clave del siglo XIX español que fue presidente de España. Nació el 8 de febrero de 1828, estudió Filosofía y Jurisprudencia en Madrid (1845), también “fue nombrado a título póstumo como Hijo Adoptivo de Cieza en señal de agradecimiento por esta larga lista de favores concedidos a este municipio” (Antonio Cánovas Del Castillo, diputado por Cieza, Francisco J. Salmerón Giménez). Fue elegido por Cieza de modo casi interrumpido desde las elecciones de 1864, consiguiendo un escaño en su distrito electoral en 1871, “las primeras de 1872, 1881, 1884, 1886, 1891, 1893 y 1896. Lo cual no quiere decir que siempre lo representara en las Cortes, pues en ocasiones se presentó por más de un distrito y luego eligió cuál ocupaba” (Ibídem).

Hay dos Cánovas del Castillo: Antonio, arriba expuesto, precursor de la vuelta de los borbones y uno de los artífices de la Restauración, cuya vinculación con Murcia, según explica Salmerón Giménez (en “El dominio de la vieja oligarquía”), viene de su casamiento con la hermana del barón del Solar, noble jumillano. El otro Cánovas es Emilio, hermano de Antonio, elegido en las segundas elecciones de 1872. El tercer elegido en las elecciones de 1872 fue Ángel Carvajal y Fernández de Córdoba, marqués de Sardoal, abogado granadino que “durante el Sexenio Democrático militó en el Partido Radical encabezado por Ruiz Zorrilla” (Real Academia de la Historia).

Tiempo de presiones

Bien, el clima caluroso de agosto venía más caldeado por las presiones políticas. El 16 de agosto, días antes del suceso, La Época ya temía: “Corre la voz en el distrito de Cieza de que el gobernador Aguilera, dejando entregados a los republicanos tres distritos de la ciudad de Murcia y los dos de Cartagena, se dedicará durante los días de elecciones a recorrer los pueblos para impedir la elección del Sr. Cánovas del Castillo y buscarle al marqués de Sardoal los votos que le faltan”.

Otro diario que siguió lo ocurrido fue El Imparcial, nacido en 1867 de línea “templadamente democrática”, su éxito se debía a “a la excelente información” que daba en su “cuidada sección de noticias” (‘Historia del Periodismo español’ de Fuentes y Fernández), considerado como el periódico más influyente en España en el último tercio del siglo diecinueve y primeros años del veinte, según explica la información proporcionada en la BNE.

Telegrama de Capdevila.

El Imparcial, el 18 de agosto de 1872, explicaba que iniciado, de nuevo, el periodo electoral, “apenas pasaba un día” sin que La Época  se ocupase de los asuntos ciezanos. La cuestión era que Cánovas se presentaba “como conservador en contra de los radicales”, en este caso el marqués de Sardoal. Lanzaba el diario una terrible acusación: el alcalde de Cieza, “amigo de Cánovas”, dejó de entregar 1500 cédulas para los electores. “No se debe consentir que se pierdan los votos contra la voluntad de los electores”. Calientes los ánimos, el hijo del alcalde de Cieza, José Fernández Camacho, entregó una carta de su padre, Francisco Fernández Arce, alcalde desde octubre de 1868, a la redacción de El Imparcial, donde especificaba negando  “de una manera terminante” que se hubiera dejado de entregar 1.500 cédulas al electorado, de ello respondían “como hombres de rectos y probados antecedentes liberales”.

Los hechos

Aquí comienzan a empañarse todas las versiones. Ricardo Montes Bernárdez en ‘Cieza durante el siglo XIX’ contó, con respecto al incidente, que la noche del 23 de agosto un político madrileño fue a dar un mitin “para apoyar a los radicales ciezanos, seguidores de Ángel Carbajal, alcalde de Madrid y marqués de Sardoal, frente a la candidatura para diputado de Cánovas del Castillo”. El historiador e investigador explica que los seguidores de Cánovas, “los francos, esperaron armados con revólver, matando al jefe del Partido Radical de Cieza, Pascual Rodríguez, de 52 años, e hiriendo a otro de sus seguidores en la Plaza”.

En ‘Historia de la Excelentísima Ciudad de Cieza’, Ramón María Capdevila narra, según lo que le transmitió uno de los testigos, que los “revolucionarios y republicanos” habían convocado una reunión en la casa de la calle Angostos presidida por Francisco Fernández Arce para “debatir si se aceptaba la política de don Amadeo o si se iba a la revolución, siempre en oposición abierta a los carlistas”. En la sala, cuenta, estaban, además del alcalde, Manuel Aguado Moxó, Fernando Marín Bermúdez, Domingo García Marín, yerno del dueño de la casa, Baldomero Camacho Marín, Evaristo Fernández Marín, Juan Yarza Marín, Ángel Rodríguez, hermano de Pascual Rodríguez, Pascual Hernández, Pascual Salmerón y Francisco Hernández, más conocido por ‘Frasquito, el rojo’, tío de Diego Martínez Pareja. Capdevila coincide con la versión de la bala atravesando el cuerpo del maltrecho Pascual. “El escándalo fue inenarrable, la confusión enorme. Mientras unos acudían al herido mortalmente, otro, los conspicuos, trataban de preparar la coartada”.

Aquí van las dos primeras versiones, quedan por relatar al menos tres más, y ¿quién fue el asesino? Lo que es cierto es que Pascual Rodríguez no abrió los ojos y su corazón se paró en las vísperas de san Bartolomé de 1872, hace casi 150 años.

 

 

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