10 puntos para Navidad, por Maura Morés

10 puntos para Navidad

En mi revista de la consideración y el cultivo de la psique, que afortunadamente para los que me aguantan no se edita, es más importante replantearse por qué hacemos todo que pensar en cómo hacerlo para ser el más espléndido y chic, habitualmente tarjeta en mano y en busca de comida japonesa. ¿Qué puede tener de novedoso una Navidad más en un país desmantelado moralmente y que se siente amenazado a perpetuidad por nuevas cepas del coronavirus o la perspectiva del derrocamiento del habitante de la Zarzuela a manos de hordas rojas? Si sobre tu cabecera hay un póster de un señor sanguinario con uniforme dudo que sepas apreciar lo que recomiendo; si eres medio normal, continúa.

  1. Contempla belenes. Se modelan con la esperanza en una nueva humanidad que jamás hallé en ningún abecé ideológico, y menos en el de Ayn Rand, que sé que se rumorea que los cristianos nos hemos hecho ultraliberales. Mira tiernamente las figuras e imagina vivir entre pastores más sabios que ministros y académicos.
  2. Recupera las recetas de los dulces fritos de tu bisabuela para evitar pagar en un restaurante otra versión de torrija con helado de turrón servida en plato elíptico que además no corresponde a esta época del año.
  3. Emula a San José. No todos tenemos herramientas para una nueva pieza rústica ni sabemos elaborarla, pero buscar una hora de introspección y asiento ordenando los huecos de un mueble a domicilio también oxigena el cerebro. Os diría que buscarais una mesita auxiliar nórdica en Verden, pero ya no tengo la tienda. Ikea, gracias por nada, ja, ja.
  4. Lee lo que siempre se leyó, los cuentos que elevan y esmaltan el alma, como las peripecias del arrugado señor Scrooge o esa joya estadounidense en la que una casada termina con unas peinetas en las manos para una melena que ya no existe porque sirvió de trueque. Nueva York también puede estar lleno de amor bajo la basura que apenó a Lorca.
  5. Aprende de la señora March de Mujercitas: puedes invitar a desayunar a quien sepas que nunca se topa con tal indulgencia. No es válido escaquearse, pues no es necesario visitar ninguna casa tomada por el tifus y no te va a costar tanto una tostada completa (que tú la pides con jamón). No te limites a un café o empezará a necrosarse tu corazón.
  6. Llama a ese compañero de clase de 2005 que está exiliado en Kuwait, a una tía abuela con ganas de desglosarte el árbol genealógico, a la prima que nunca figura en tu agenda porque tu madre y la suya se pelearon por el mismo novio en el año del Preu. Esfuérzate en hilar sentidas conversaciones medicinales y no envíes gifs impersonales y trillados de corderitos con colorido de unicornio.
  7. Come algún día en el restaurante de tu manzana. Interésate por lo que comente el camarero mientras trae los fideos, y si es antipático desármalo con tu más profundo arsenal de cortesías austenianas. Alaba el aliño Chovi de la ensalada y deja una propina, aunque sea modesta, para que se mantenga la camaradería en un ambiente que ahora llora. Seguro que hay alguno sin coulant de fábrica, con una señora voluntariosa al mando de las cacerolas, y si no es así, el café o la infusión serán mejor pócima para tus entrañas que una croqueta de Nutella blanca «emplatada» robóticamente.
  8. Reflexiona sobre todo lo que no cambiaría la lotería. Tus arranques de vileza, los ojos de aguamarina que canta Amaral de tu novia o tu hija, los recuerdos de tu abuelo persiguiéndote con el garrote por haber dicho un taco aunque jamás quisiera agredirte, el sonido del papel de regalo rasgándose, lo bien que huele el gel de ducha de tu madre hasta dentro del armario que llenaba de blusas un año después de irse para siempre, las empanadillas de patata de la panadería familiar… ¿Borraría el Gordo orfandades, malas decisiones con tus ex parejas o que tienes hemorroides? ¿Resucita a los muertos, es el Santo Grial? ¿Te convierte la cirugía en Gal Gadot?
  9. Canta mientras te asees o prepares un bizcocho de Isasaweis una tanda de villancicos en castellano, valenciano o gallego y no el de Mariah Carey, porque ni siquiera lo pronunciamos bien ni llegamos a hacer la mitad de virguerías con las cuerdas vocales que la niña negra de Love Actually. Para comprar una zambomba deplorable y desespañolizada en los chinos limítate a acompañar tu voz de chasquidos de dedos o taconazos en el suelo, especialmente si habitas el bajo o el primero.
  10. Emociónate con el lado bueno de Kevin en Solo en casa 2 y escucha en los créditos a Ana Belén cantando la irrepetible Sombras de otros tiempos. Que la mendiga de las palomas te vuelva a dar una lección apabullante. Recurre a ¡Qué bello es vivir!, El apartamento (aplícate la moraleja y busca hombres como Jack Lemmon y no como el jefe, aunque no vayan al gimnasio) y Feliz Navidad, para tener presentes a los salvadores de las trincheras. Piensa también en nuestra guerra y en cómo hicieron las madres de tripas corazón si había alguien en el frente para que los invitados no se derrumbaran con una pera escarchada. Yo pensaré en mi abuelo y en ese villancico más viejo que sus mismas manos manchegas y ennegrecidas por el sol, ese que tenía sentido porque no mencionaba regalos:

Madre, en la puerta hay un niño

más hermoso que un sol bello,

diciendo que tiene frío,

porque viene casi en cueros.

Pues dile que entre y se calentará,

porque en esta tierra

ya no hay caridad…

 

 

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